La respuesta mundial al Sida nos ha enseñado que es posible avanzar con ambición, voluntad política y solidaridad. Guiados por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la promesa de no dejar a nadie atrás, esto debe incluir un intenso enfoque en la eliminación de las desigualdades, así como la financiación y las inversiones innovadoras. Foto: Campaña ONUSIDA/OMS-OPS

 

Los actuales trastornos causados por la COVID-19 ponen en riesgo los logros alcanzados con mucho esfuerzo para poner fin a la pandemia del Sida. Los confinamientos y otras restricciones interrumpieron la prevención y el tratamiento del VIH en muchos países, afectando desproporcionadamente a las personas más pobres y vulnerables. El tema del Día Mundial del Sida 2021, Poner fin a las desigualdades. Poner fin al Sida. Poner fin a las pandemias, es un duro recordatorio de que se deben tomar medidas urgentes para hacer frente a las desigualdades que prolongan las agobiantes pandemias.

Tanto la pandemia como el VIH/Sida han puesto de manifiesto la brecha cada vez más amplia entre quienes tienen acceso a una atención sanitaria de calidad y quienes no la tienen. Los estudios revelaron que entre las personas que viven con el VIH el riesgo de morir infectados por la COVID-19 era el doble que el de la población general. Sin embargo, a mediados de 2021 la mayoría de las personas que viven con el VIH no tenían acceso a la vacuna contra la COVID-19.

Sabemos que los factores que instigan la exclusión social —estigma, discriminación y marginación— también aumentan los riesgos para la salud y limitan el acceso a los servicios de poblaciones clave con mayor riesgo de contraer el VIH. La inversión insuficiente y la asignación ineficiente de recursos en los países de ingresos medianos bajos estuvieron entre las principales razones por las cuales no se cumplieron los objetivos globales con respecto al Sida para 2020. Junto con el posible impacto de la COVID-19 sobre la financiación de la salud, existe un peligro claro e inminente de perder más terreno en la lucha contra el VIH.

En 2020, 37,7 millones de personas vivían con el VIH en todo el mundo. Sorprendentemente, durante el mismo periodo, el 65% de las nuevas infecciones por el VIH se produjeron en poblaciones marginadas con mayor riesgo de contraer el virus, que además son las más afectadas por leyes, políticas y prácticas discriminatorias y punitivas. En todo el mundo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y nuestros socios están trabajando para asegurar que las personas que viven con el VIH, así como las personas con mayor riesgo de contraerlo, reciban el apoyo que necesitan en este momento tan difícil.

Esto incluye ayudar a los países a reforzar los programas de VIH para garantizar la continuidad de los servicios y mejorar la resiliencia de los sistemas sanitarios equitativos. Los esfuerzos del PNUD han incluido desde aumentar la prevención, el tratamiento, la atención y el apoyo relacionados con el VIH en Kirguistán hasta suministrar tratamiento antirretroviral a más de 700.000 personas que viven con el VIH en Zimbabwe, pasando por prestar apoyo a los países en la creación de entornos propicios para las respuestas al VIH.

De hecho, un nuevo análisis (en inglés) del Laboratorio de Políticas sobre el VIH muestra una correlación positiva entre los mejores resultados del VIH y las leyes que promueven la no discriminación, las instituciones de derechos humanos y las respuestas a la violencia de género.

La respuesta mundial al Sida nos ha enseñado que es posible avanzar con ambición, voluntad política y solidaridad. Guiados por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la promesa de no dejar a nadie atrás, esto debe incluir un intenso enfoque en la eliminación de las desigualdades, así como la financiación y las inversiones innovadoras.

La Declaración Política sobre el VIH y el SIDA de 2021 (en inglés) también pide que se aumenten las inversiones destinadas a promover los derechos humanos, la igualdad de género y las respuestas dirigidas por la comunidad. Para recuperar el terreno perdido en relación con el VIH y poner fin al Sida como amenaza para la salud pública, necesitamos ampliar los enfoques centrados en las personas, que acaben con las desigualdades y promuevan la equidad, la no discriminación y los derechos humanos.

Es fundamental que toda la familia de las Naciones Unidas y nuestros socios sigan comprometidos con el apoyo a los países y las comunidades para poner fin a las desigualdades, de modo que finalmente podamos relegar a la historia las pandemias devastadoras.

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