Más que un punto de llegada, la transversalización del enfoque de género en iniciativas de cooperación es una estrategia destinada a hacer que las preocupaciones y experiencias de las mujeres, de los hombres, y de las personas que asumen otras identidades de género, sean un elemento integrante de la elaboración, la aplicación, la supervisión y la evaluación de las políticas y los programas . Ilustración: Víctor Carbajal para PNUD Argentina.

 

La guía “Violencia de género. Conceptos, marco normativo y criterios de actuación en el ámbito de la salud”, elaborado por el PNUD en Argentina, pone el foco sobre el papel central que tiene el sistema de salud y sus agentes en la detección, prevención y abordaje de la violencia de género.

Caracterizada por la ONU como una pandemia mundial, la violencia de género representa un problema de salud pública para los Estados.  Según la Organización Panamericana de la Salud, los roles, las normas y las relaciones de género actúan como factores de protección o riesgo para la salud de mujeres y varones.  De hecho, las mujeres, debido a la situación desfavorable en la que se encuentran en el plano social, económico y político, tienen más obstáculos en la protección de su salud física, emocional y mental.

Desde la perspectiva del desarrollo sostenible, y según el documento "Transformar nuestro mundo. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible", la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, es esencial para mejorar las condiciones de vida y la ampliación de las capacidades de elección de todas las personas (ODS 5).

En palabras de Alejandra Garcia, Responsable del Área de Género del PNUD en Argentina, “el trabajo de PNUD en estos temas involucra al programa de cooperación en su conjunto, promoviendo la transversalización del enfoque de género en las políticas públicas que apoya la agencia”.  “El enfoque de este trabajo supone superar la idea del género como una mirada sectorial, para vincularlo en todas las acciones, análisis y procedimientos desde su misma concepción” continuó la especialista.

La consulta, una oportunidad

La consulta con un médico en la guardia de un centro de salud puede convertirse en la única oportunidad que tiene el Estado de detectar a tiempo una situación de violencia de género. Una mujer puede concurrir a un centro de salud para formar parte de un grupo de lactancia materna, por una consulta ginecológica o para un chequeo obstétrico. En esa consulta, un agente de salud lo suficientemente equipado y formado puede detectar los primeros síntomas que indican que esa persona puede estar siendo víctima de violencia de género. Por ello contar con equipos capacitados en la detección temprana de la violencia, sensibles y con acceso a recursos como protocolos o herramientas de prevención, pueden hacer de los centros de salud espacios de contención, orientación y prevención de este tipo de violencia.

En esta guía, y con el propósito de ofrecer un aporte útil para el personal de salud, se desarrollan los principios básicos del marco conceptual de la violencia de género, sus tipos y modalidades, el ciclo de la violencia y el funcionamiento de la ruta crítica. A su vez, se delinean y distinguen las principales consecuencias de la violencia de género en la salud psíquica, emocional y física de las mujeres y de su entorno familiar, y finalmente, delimitan la responsabilidad que tiene el sistema de salud en su abordaje.

El sistema sexo-género y la salud

Siguiendo las definiciones de la antropóloga Gayle Rubin, esta guía define al sistema de sexo- género como el “sistema de relaciones sociales que transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana.” Partiendo de esta premisa, se describe la forma en que ciertos mandatos de género aumentan los factores de riesgo sobre la salud de varones y mujeres.

La competitividad, la demostración de virilidad, la búsqueda permanente de riesgo y el uso de la violencia como herramienta privilegiada en determinadas circunstancias, explica por qué los varones encabezan los índices de accidentes de tránsito, peleas callejeras, además de cuidar menos de su salud.

Este trabajo asume un enfoque novedoso, al considerar que, al igual que en el resto de la sociedad, el ámbito de la salud está atravesado por esas mismas relaciones de poder y opresión que delinea el sistema de géneros. Esto explica por qué, las personas trans, por ejemplo, enfrentan todo tipo de discriminaciones al interior del sistema de salud. Por otro lado, asume los desafíos contemporáneos producidos por los cambios en la fisionomía de las familias y los nuevos modelos familiares, que plantean nuevas problemáticas.

De hecho, el último censo de hogares, población y vivienda en Argentina, realizado en 2010, muestra un incremento en la cantidad de mujeres a cargo del hogar, como la existencia de, al menos, 24.228 hogares conformados por parejas del mismo sexo, de las cuales el 21% tienen hijos a cargo. Se trata de nuevas familias LGTBI que en Argentina plantean otros desafíos al sistema de salud. La ley de identidad de género (26.743) representa sin duda un avance histórico. Sin embargo, muchas personas de la población LGTBI siguen sufriendo todo tipo de discriminaciones cuando acuden a los centros de salud. En este sentido el material insta a tomar medidas como no presuponer prácticas u orientaciones sexuales ante los destinatarios/as del servicio, no utilizar la identidad u orientación sexual como “factores de riesgo” para las enfermedades de transmisión sexual, respetar los roles de maternidad y paternidad y el nombre y género elegidos por los y las destinatarias del servicio, independientemente de los consignado en el DNI.

Más que un punto de llegada, la transversalización del enfoque de género en iniciativas de cooperación es “una estrategia destinada a hacer que las preocupaciones y experiencias de las mujeres, de los hombres, y de las personas que asumen otras identidades de género,  sean un elemento integrante de la elaboración, la aplicación, la supervisión y la evaluación de las políticas y los programas en todas las esferas políticas, económicas y sociales, a fin de que todxs se beneficien por igual e impida que se perpetúe la desigualdad, afirma Garcia.

·       La violencia de género fue declarada pandemia mundial por la ONU

·       1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia física o sexual por parte de su compañero sentimental o miembro de la familia

·       1 de cada 2 mujeres asesinadas, lo fue a manos de su compañero sentimental u otro miembro de su familia

·       1 de cada tres adolescentes afirma que su primera relación sexual fue forzada

·       98% de las personas en situación de trata son mujeres y niñas

·       133 millones de niños/as que actualmente viven en África y Medio Oriente sufrieron mutilación genital

·       700 millones de mujeres se casaron con menos de 18 años

 

Atención integral de la salud frente a la violencia de género

En el ámbito de la salud, en relación con la problemática de género y violencia, el Estado establece la necesidad de diseñar protocolos de actuación que cumplan con estándares mínimos. Entre estos se prevé la formación permanente de todo el personal del centro de salud y hospitales; la incorporación a la práctica médica de indicadores que permitan visibilizar la violencia de género como un problema de salud; la implementación de un flujograma de atención con carácter intra e interinstitucional luego de detectar el caso.

Las instituciones de salud deben contar con personal adecuado y herramientas de asistencia y orientación a víctimas de violencia de género las 24 horas; los protocolos de intervención deben evitar la re-victimización de la persona que acude; se sugiere que todos los protocolos contemplen a la población LGTBI y sus particularidades.

Este trabajo es una herramienta accesible para todos los equipos de salud, en especial para aquellos vinculados a la atención primaria. Su objetivo es dar orientaciones para una atención integral (física, psicológica, emocional y social) pues el primer paso hacia una intervención adecuada es conocer en profundidad los motivos, comprender las razones que mantienen a una mujer atada a un contexto de violencia, en situaciones emocionales muy precarias.

Violencia Obstétrica

La violencia no siempre proviene de afuera del sistema de salud, a veces se manifiesta como violencia institucional en su interior. Alguna de las formas que puede adoptar es la violencia estructural, que incluye la falta de recursos y la calidad inapropiada del servicio, su inaccesibilidad financiera, geográfica y cultural o, por ejemplo, un tipo de violencia que se comenzó a problematizar recientemente: la violencia obstétrica.

El libro destaca que en la atención obstétrica de la salud son muy frecuentes tratos deshumanizados, el abuso de medicalización y la patologización de procesos naturales de conformidad con lo establecido por la ley Nº 25.929 (2004) de Parto Respetado. La violencia obstétrica puede manifestarse en diferentes momentos del embarazo, el parto y el postparto en tratamientos médicos excesivos o inapropiados (como rasurado innecesario de vello púbico, enemas, episetomías de rutina, inducción, corrección farmacológica de rutina, entre otras prácticas). Los extremos de este tipo de violencia al interior de los centros de salud son la participación medica en la mutilación genital, la esterilización forzada o coaccionada y las inspecciones de la virginidad por razones sociales o culturales.

Que los centros de salud sean lugares seguros, confiables y accesible.

El material es una guía, delinea los tipos de prevención que se puede brindar desde el sistema de salud, las diferentes áreas a trabajar por parte de los equipos de salud, las consecuencias que tiene este tipo de violencia sobre las personas y clasifica los principales síntomas a los que prestar atención para convertir a los centros de salud en lugares de detección temprana de toda forma de violencia de género. El objetivo es que el sistema de salud sea un brazo a través del cual el Estado pueda brindar contención, orientación, acompañamiento ante ese flagelo.

La orientación propuesta por el material se enfoque en la articulación con organizaciones de la comunidad que trabajan la temática, ponderando la situación familiar, social, económica y otros aspectos a la hora de abordar el problema de violencia. Es fundamental, según sostiene la guía, empezar por creer en el relato de la víctima y brindar buen trato, confidencialidad y acogida.

 

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